6.21.2013
Protége moi.
Tu retrato en la niebla.
Ella caminaba bajo el cielo nocturno apurada, eran casi las cinco de la madrugada y la neblina rodeaba su cuerpo haciéndola ver misteriosa, sombría y atrapante.
El humo de su cigarrillo creaba nubes saliendo de sus labios, ella no sabía que yo la observaba.
Su figura estaba cubierta por un tapado negro que llegaba a sus rodillas, sus piernas largas estaban enfundadas en jeans oscuros, supongo que eran jeans, mi vista no es tan aguda verás.
Sus botas taconeaban contra el cemento de la calle rompiendo el silencio agudo de la noche.
Su cabello también era oscuro y largo, caía sobre sus hombros y espalda confundiéndose con su abrigo.
En ese momento, me di cuenta de que ella quería mimetizarse con la noche.
Era invisible para todos, una sombra en la niebla, una figura borrosa caminando por la acera.
Excepto para mi.
Y decidí llevarme su misterio, tomé mi cámara fotográfica y cuando ella cruzaba la calle apreté el botón inmortalizandola.
De espaldas en medio del paisaje de pavimento mojado y árboles sin hojas.
* * *
Había llegado a aquella ciudad por cosas del destino.
Si es que destino se le puede llamar a Samantha, la mujer a la que fui a conocer luego de un año entero de noches, días y madrugadas hablando mediante Internet.
Nos habíamos hecho amigos por intereses en común, luego de dos meses hablábamos todo el tiempo, ella era una persona muy alegre y me agradaba hablarle.
Al tiempo nos encontramos necesitándonos y hablando hasta de madrugada por facebook, skype y hasta por teléfono.
Llegamos a conocer mucho el uno del otro, ella sabía sobre mi pasión por la fotografía y la compartíamos, ella también era fotógrafa.
Pero a pesar de que nuestras voces, nuestras imágenes se conocían no nos conocíamos en persona.
Entonces, un día decidí transitar los más de mil kilómetros que nos separaban para conocerla.
Y allí todo comenzó.
Alquilé un apartamento en su ciudad, planeaba quedarme un par de meses para conocer a Samantha. Ella me había ofrecido quedarme en el suyo, pero sabía que eso era demasiado rápido, quiero decir, a pesar de que por Internet nuestra relación era casi romántica, en persona teníamos que ir despacio.
La primera noche en su ciudad, fue cuando tomé la fotografía de una desconocida que sin querer se grabó en mis retinas como un tatuaje de tinta china.
Pero no pensé más en ella.
Hasta que la conocí.
Recuerdo que cuando fui al apartamento de Samantha el sol iluminaba las calles cegando mi vista, el cielo era tan azul que parecía pintado en óleo.
No se parecía en nada a la noche anterior.
Al llegar, nos abrazamos como dos viejos amigos que se conocían de toda la vida.
Amigos.
Hablamos de miles de cosas, del viaje, de mi apartamento, de mi familia, de la suya, del clima y demás cosas mundanas.
Ella no paraba de hablar y de sonreír, de vez en cuando sus ojos verdes buscaban los míos, pero yo no hacía más que sonreír.
Era una buena chica, eso lo sabía.
En un momento, comenzamos a hablar de nuestro trabajo.
A pesar que era el mismo, yo solo era fotógrafo de arte, es decir solo tomaba (y tomo) fotos para exposiciones. Ella era más del tipo comercial, fotografiaba modelos de ropa y esas cosas que a mí no me llaman la atención en absoluto.
Recordé la primer foto que había tomado en aquél lugar al llegar, estaba obsesionado con esa foto, me parecía perfecta, misteriosa y un buen trabajo.
Busqué en mi cartera mi carpeta, donde guardaba algunos de mis trabajos, la saqué y la apoyé sobre la mesa.
Samantha se entretuvo mirando los folios con fotos antiguas, estaba asombrada y podría jurar que me admiraba.
Tal vez fui un poco egocéntrico al creer que me admiraba.
Pero soy un artista, a veces necesito serlo.
En un momento, ella llegó a la foto que más me gustaba de las miles que había sacado en mi vida.
"Esto es aquí, ¿no?" preguntó señalando la lámina.
"Sí, la saqué a penas llegué." Respondí desinteresado.
"Ella... La conozco." Se pasó sus manos por su cabello rubio y sus ojos se pegaron más a la fotografía.
"¿La conoces?" tomé un sorbo del café que ella había preparado momentos antes.
"¡Claro! Como no, es--"
Alguien abrió de golpe la puerta del apartamento y entró como una tromba dejándonos sobresaltados.
"¡Es ella! Es Nazarena, mi compañera de apartamento." La chica que había entrado se quedó petrificada observándome, y yo la reconocí.
Ella era la chica de mi foto.
"Nazarena, él es Tiziano." Ella solo me miraba, parecía entumecida, asustada, y yo no pude quitarle los ojos de encima, tal como en la madrugada en que robé su figura escondido en la oscuridad.
Nazarena nunca emitió un sonido, simplemente corrió a su habitación y nos dejó en blanco. Oh, por un momento casi olvido que Samantha estaba sentada a mi lado.
La luz del día me hizo descubrir con más precisión el rostro de Nazarena, era hermosa, tan blanca como el algodón, su cabello era negro, tal como en la fotografía y caía en cascada por su espalda.
Sus labios eran rojos y voluminosos en la medida justa, sus ojos verdosos.
Y tristes.
Como si la hubiesen lastimado mucho, o como si guardase muchos secretos dolorosos.
"Lo siento Tiziano, ella es así, un poco rara." Samantha interrumpió pidiendo disculpas con sus ojos color aguamarina.
"No, está bien." respondí esquivando su mirada. "¿Ella también es fotógrafa?"
"No, veras... Es complicado explicar lo que ella es." Bajó la voz y noté que sentía culpa al hablar. Tal vez me contaría algún secreto.
"Ella es una dibujante que no dibuja, una escritora que no escribe. Y trabaja de camarera para ganar lo justo y necesario. Es una persona muy especial."
"Oh, y ¿por qué es todo eso? al final no es nada, no entiendo. " Era increíble lo que me estaba intrigando esa mujer, en ese momento tenía veintisiete años y jamás había sentido tanta curiosidad por una persona.
"Verás... Es una persona muy especial, como te dije. Ella cree que ya ha visto toda la belleza del mundo y que ya no hay nada más que ver. - tomó una bocanada de aire y prosiguió mirándome - Por eso asegura que ya no existe nada bello que la inspire a crear, dibujar o escribir.."
" Es raro, parece tan joven." En realidad era fascinante, aunque un poco trágico.
" Lo es, tiene solo veinticinco. Podría haber sido una gran artista. "
Lo poco que había conocido sobre Nazarena, me había maravillado.
Al punto de desplazar a Samantha al simple puesto de amiga, había pasado un mes desde mi llegada a la ciudad y trataba a Samantha como un amigo, sabía que ella quería algo más de mí, lo veía en sus ojos, en su piel que se erizaba al hacer contacto con la mía.
Pero yo no sentía nada más que simpatía y cariño por ella.
Llegué a maldecir a Nazarena por cada noche que se metía en mis sueños, por haberse cruzado en mi vida.
Ella me gustaba, me gustaba demasiado.
Las veces que nos habíamos cruzado, ella no me dirigió la palabra, me ignoró y yo como un mendigo buscaba sus ojos, compartir alguna mirada.
Sabía que ella me miraba de reojo cuando preparaba café, o cuando salía del encierro de su habitación para pasar al baño o salir a la calle.
Pero ella no hablaba, se mantenía igual que el la fotografía, tenue y misteriosa.
El tiempo seguía pasando, tuve que reflexionar...
Había hecho tantos kilómetros solo para conocer a Samantha, para que nuestra relación se convierta en una relación real, y todo lo que había hecho desde que pisé el lugar fue pensar en la amiga de la persona a la que fui a conocer.
Quien apenas respiraba en mi presencia.
Decidí que Nazarena no era para mí, estaba claro, yo no le interesaba.
Una noche, decidí invitar a Samantha a cenar a mi apartamento, ella vino feliz.
No estaba obligado a intentarlo con ella, a usarla como ultima opción, pero tal vez si enfocaba mi atención en ella y no en la persona equivocada, todo iría bien.
Y fue bien, de hecho, comenzamos una relación, nos besamos por primera vez y también la hice mía.
Aún no podía sentir nada por ella, pero es que recién empezábamos, seguro cambiaría. No podía dejarla ir, ella era como mi complemento, noté.
Hasta que su amiga apareció nuevamente en mi camino.
Yo salía de mi edificio, y ella pasaba por la acera, siempre pasaba por allí y asumí que trabajaba cerca. Al reconocerla, no dudé en hablarle.
"Nazarena."
Ella se dio vuelta sorprendida, sí, esta vez no había pasado desapercibida. Se acercó a mí y me miró con sus ojos grandes y claros, por un momento me quedé sin habla.
"Hola, ¿como estás?" - Le ofrecí en el silencio de la noche.
"Bien." - Contestó firme, y esa era la primera vez en casi dos meses en que su voz se dirigía a mí, no a Samantha, ni a nadie más. A mí.
"Mira, me gustaría pedirte algo. ¿Puede ser?" - Ella me miró confundida.
"¿Qué cosa?" - Se paró más firme, como demostrando que era fuerte.
"Soy fotógrafo sabes... Y quiero que seas mi modelo." - Traté de sonar lo más profesional posible, no podía asustarla, no debía, tenía que convencerla.
Ella simplemente soltó una carcajada y negó con la cabeza.
Fallé.
"Una foto, solo una, ¿vale? ahora mismo te la saco si subes a mi apartamento." - Otra mirada severa se escapó de sus ojos e impactó en los míos.
"¿Crees que soy tan idiota como para meterme en el departamento del novio de mi amiga a esta hora?" - Mierda, nunca imaginé que sonara tan mal lo que pedía.
"Samantha vendrá y ella sabe que quería fotografiarte, no hay dramas." - Disparé intentando sonar lo más inocente posible ante su rostro dudoso.
"Bien, bien."
Lección número uno: no le mientas.
Subimos a mi apartamento, yo tardé lo que pareció una eternidad en pensar cómo fotografiarla. En realidad nunca tardaba tanto, solo disfrutaba de tenerla cerca mío observando mi espacio.
Mi departamento no era gran cosa, pero se ve que le había gustado.
Era una habitación grande, el living y la cocina no se dividían, una mesa y sillas ocupaban una parte y mi cama estaba contra el enorme ventanal que daba a la calle.
Al llegar había decidido instalar el el dormitorio un cuarto oscuro, no era como el que tenía en mi casa, pero funcionaba. Por eso mi cama estaba en el living.
Y también me gustaba como en el día la luz del sol rebotaba en las paredes blancas de la habitación, era lo primero que veía al despertar y me parecía agradable.
Le indiqué que se siente en una silla, estaba relajada y eso me hizo sentir menos mentiroso.
Cuando la tenía en la mira de mi cámara, no podía dejar de observarla, no era solo su cara o su mirada triste y nostálgica, o su ropa oscura.
Era ella, toda.
Intenté no sentirme culpable por Samantha, y luego noté que no me sentía para nada culpable y también noté lo imbécil que me había vuelto desde que las conocí.
Cuando estaba a punto de capturarla, me arrepentí, su lugar no era contra la pared blanca, fría.
Busqué otro lugar que coincida más con ella.
Ella no hablaba, no parecía incómoda, pero tampoco expresaba alguna otra sensación.
"Nunca hablas, ¿eh?" - Le dije con una sonrisa. Ella sonrió también.
Me gustaba compartir ese silencio con ella, descubrí.
"Nazarena, siéntate en la cama." - Le dije con la cámara en mis manos. Ella torció la cabeza e hizo un gesto que seguro significaba: "¿De verdad?" Sí, de verdad, las luces brillantes de la ciudad que se asomaban por el ventanal eran sin dudas su lugar.
Yo le señalé la cama destendida y ella caminó hacia el lugar.
"¿Le falta mucho a Samantha para llegar?" - Preguntó sentada en mi cama, la cama que solía compartir con su amiga, con mi novia.
"Supongo que estará por llegar" - mentí. Ella asintió.
Me acerqué a ella y le indiqué que se soltara el cabello, se lo acomodé de modo que cayese por sus hombros y un poco sobre su rostro. Por un momento, estuve tan cerca de ella que pude sentir su respiración en mi cuello, estaba acariciando en secreto su cabello, tocando de encubierto su piel, mis dedos casi temblaban y sentí mi corazón en la garganta.
Ella parecía nerviosa también, y pude jurar que había cerrado sus ojos mientras yo acomodaba su cabello.
Cuando estuve a punto de disparar, nuevamente sentí que algo faltaba en la escena.
"Enciende un cigarrillo." - Le pedí. Ella asintió y sacó una cajetilla del bolsillo de su campera de cuero negra, y encendió uno tal como le pedí.
Ahora sí, todo era perfecto. Como ella.
Y nuevamente, me apoderé de ella, con mi cámara, a través de la lente, la hice mía en un segundo.
"Listo." - Dije dejando mi instrumento de trabajo sobre la mesa. - "¿Un café?" - Le pregunté para retenerla en mi mundo por unos instantes más.
"Claro, mientras esperamos a Samantha un café sería bueno." - Ella nunca llegará, pensé en silencio.
Pasaron casi veinte minutos, y Nazarena comenzó a impacientarse, mi mentira ya se estaba desvaneciendo en el aire como el humo de su cigarrillo.
"Debería llamar a Samantha, ella aún no llega." - Dijo recogiendo su melena en una cola de caballo.
No, no, no, no. NO.
"Tal vez... No venga." - Dije dudando. Ella dirigió su mirada expresiva hacia mí y pude jurar que mis huesos se habían deshecho.
"¿Cómo? Dijiste que lo haría."
"Tal vez te mentí." - Dije mirando el fondo de mi taza vacía.
No se como, pero se levantó tan rápido que cuando volví mis ojos hacia ella, ya estaba parada contra la puerta.
"Abre la puerta, quiero irme." - Fue una orden, definitivamente.
"Lo siento, no quería molestarte pero no había otra forma."
"¿Por qué hiciste esto? Samantha es una buena persona, y no se merece que me envuelvas con una mentira para traerme a tu apartamento." - Al decir esto, un mechón de su cabello azabache cayó por su rostro. Intenté correrlo pero ella tomó fuerte mi mano.
Sentí como si un rayo hubiese partido mi cabeza.
"Abre la puerta, déjame ir."
Y lo hice, la dejé irse, sintiendo que mi cuerpo se debilitaba al verla partir casi corriendo, tal vez asustada, tal vez enojada o decepcionada.
Sentí que mis ojos se humedecían y me tragué las lágrimas, intenté no pensar en nada.
Pero no pude evitar darme cuenta que sin planearlo me estaba enamorando de Nazarena, rápido y sin escalas, estaba enamorándome de ella.
De la persona equivocada.
Lo que pasó luego, solo se compara a una catástrofe, a un huracán, o tal vez una tormenta de nieve arrasadora.
Dos meses después, cada ves que iba al apartamento de mi novia y cruzaba a Nazarena, ella me miraba con odio y yo intentaba no mirarla, sacarla de mi mente.
Pero no era posible, siempre aparecía en mis sueños, en mis horas de inconsciencia.
Le debería haber agradecido que no haya mencionado a Samantha sobre aquella noche, había descubierto que Samantha era bastante posesiva y también que me quería.
Pero yo había quedado estancado en el primer día con respecto a ella, a pesar de que era mi novia, solo sentía cariño por ella.
Me complementaba, sí, pero en una forma amistosa.
El desastre se hizo presente, el día en que en mi departamento Samantha encontró la fotografía de Nazarena sentada en mi cama desordenada, fumando tranquila con las luces de la ciudad a su espalda.
Por más que intenté explicarle, fue imposible, ella ya había creado una imagen de lo que no había sucedido en su mente y era imposible hacerla entrar en razón.
Entonces, tuve que decirle la verdad.
Que me había enamorado de su mejor amiga, que la había engañado con la mente miles de veces en mis sueños con su compañera silenciosa.
Tuve que también aclararle que aquella noche inventé una mentira para que Nazarena suba a mi apartamento y me permita fotografiarla.
Por un momento, me sentí enfermo, recolectando todas las piezas, noté que Nazarena era casi una obsesión para mí.
Ver a Samantha llorando me hizo sentir más enfermo aún, sus ojos verdes estaban completamente rojos.
La había lastimado, ya no era como el hombre que conoció hacía tiempo en Internet, era un monstruo para ella, y así me sentía pensando en que jamás me detuve a mirarla como había mirado a su amiga.
Y ahora ella estaba allí, sentada en mi living llorando por mí.
En un momento, se secó las lágrimas que yo había hecho que derramara y me miró fijo.
"Me das asco." - Me dijo y se fue azotando la puerta a sus espaldas.
Nunca más volví a verla. Y en cierto modo la entendía, yo también sentía asco de mí.
* * *
Eran las cuatro de la mañana cuando escuché que alguien golpeaba mi puerta, me sentía tan mareado y entendía tan poco de lo que sucedía que me costó la vida levantarme de la cama.
Los golpes en la puerta eran insistentes, y me asustaron en un momento.
Abrí la puerta y allí estaba ella, hermosa como siempre en su burbuja de misterio.
Pero estaba enojada, lo podía ver en sus ojos inyectados de odio.
"¿Por qué lo hiciste? No tienes derecho a lastimar a Samantha de esa forma, no lo tienes." - Me gritó en la cara, yo quedé en silencio mientras ella me propinaba una serie importante de insultos que saliendo de sus labios parecían palabras sofisticadas.
Podría haberme quedado toda la vida escuchándola vomitar su odio en mi cara, no me importaba a esas alturas.
En un momento no soporté más y la tomé de sus brazos, la acerqué a mi cuerpo y miré sus ojos. Acorté más la distancia, y pegué mi frente a la suya, ella no gritó más, su respiración se agitó y se quedó inmóvil.
Y decidí arrojarme al abismo, ya no tenía nada que perder.
Presioné mis labios sobre los de ella acortando la poca distancia que nos separaba.
La besé como tantas veces lo había deseado, la besé suavemente para no generarle temores.
La besé en un momento infinito, sus labios eran como pétalos de rosas, suaves y aterciopelados, perfectos.
Ella me sorprendió correspondiendo el beso tan esperado, de una forma suave.
Al separarnos, tomé con mis manos su rostro y clavé mis ojos en sus pupilas en una mirada que significaba más que mil declaraciones de amor.
Su silencio se hizo eterno, y con mis manos enredadas en su cabello, tomando su nuca volví a besarla. Esta vez de una forma impaciente, busqué su lengua y bajé con besos hasta su cuello.
La atraje más hasta dentro de mi apartamento, la seguí besando y ella me besó a mi.
En un momento, no pude esperar más y la invité a mi cama, la tomé de la mano e hice mi camino hacia el ventanal con ella.
Estaba asustada, lo supe al sentir su cuerpo tenso bajo el mío.
Besé su frente y me aseguré de que estaba bien y segura de lo que sucedería. Ella asintió y me dejó consentirla, besarla, tocarla, abrazarla y hacerla mía bajo las estrellas del otro lado del cristal.
Jamás imaginé que al llegar a esta ciudad, mi camino se desviaría en la forma en que lo hizo. Ver a Nazarena dormida al lado mío me hizo notar que soy solo un juguete del destino.
Cuando abrió sus ojos, besé su frente y la recosté en mi pecho.
"Te amo" - Susurré a su oído, y otra vez me respondió con un silencio doloroso.
No quise saber más nada, me dormí a su lado aquella noche.
Al despertar ella ya no estaba. Y llegué a pensar que en realidad nunca había estado, si no fuera porque su exquisito perfume estaba impregnado en mis sábanas.
Armé mis maletas aquella misma mañana, y volví a mi ciudad, con mi camino torcido y mi corazón roto.
* * *
Hace casi un año de que sucedió todo, de la foto de la chica en la niebla, de Samantha y sus lágrimas, de mi destino cruzado y mi amor equivocado.
He despertado como cada mañana, solo que hoy tuve una visita inesperada.
El cartero tocó la puerta de mi departamento, dejó una caja en la que mi nombre está escrito en plumón negro.
Y del lado del remitente, está escrito su nombre.
Hace exactamente una hora que estoy mirando la caja sin abrir que está sobre la mesa del comedor.
Nazarena ha vuelto a mi vida, y no sé si para terminar de destruirla o para darme una mala noticia.
Intento ser fuerte y acerco la caja de cartón a mí, dejo la taza de café a un costado e inspecciono su caligrafía, es tan delicada como ella.
Aún no he dejado de amarla.
Arranco con fuerzas la cinta que protege a la dichosa caja y la abro.
Mis ojos casi salen de sus órbitas.
La caja está llena de hojas.
Bocetos, dibujos, podría jurar que hay casi cien hojas de dibujo.
En todas estoy yo.
La primera, tiene la fecha del día en que pisé por primera vez el departamento de Nazarena y Samantha.
Sigo hojeando y hay un dibujo de mí por cada día en que fui a su apartamento.
Y hay uno en la que estoy con la cámara en mis manos, concentrado.
Una lágrima traicionera escapa de mis ojos y da contra el dibujo en el que estoy dormido contra el ventanal.
Al buscar más, veo con mis ojos aguados que también hay una carpeta con poesías.
Ella hizo un dibujo por cada día en que nuestros mundos se cruzaron y una poesía.
De pronto recordé lo que me dijo Samantha aquél día.
"Ella es una dibujante que no dibuja, una escritora que no escribe."
"Ella cree que ya ha visto toda la belleza del mundo y que ya no hay nada más que ver. Por eso asegura que ya no existe nada bello que la inspire a crear, dibujar o escribir."
FIN.
Blackbird. (Mar Plaine.)
6.02.2013
Attention Reader
6.01.2013
Welcome to The Black Parade
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| We'll carry on. By Blackbird -2013 |
Y descansa sobre mis rodillas un proyecto de futuro, un corazón anatómico y colores atómicos en mi cabeza.
Todos los días que sueño, sueño con esta imagen borrosa y oscura llena de luces brillantes y latidos de baterías golpeadas.
Una gran ciudad.
Pintando el futuro, escribiendo sueños. Fotografiando mi mundo incompleto.
Mi ser incompleto y débil.
Y la vida que he conocido en un respiro de paz hace años atrás-lejos.
Música, siempre el colchón que amortigua cada una de mis estrepitosas caídas. Y me aturde, entra por mis oídos, tan fuerte como un rayo parte mi alma y la vuelve armar.
Colores y sonidos, voces y cuerdas, notas. Amor.
Y si me enseñaste los colores, la muerte y la vida, te doy en gratitud la sangre que brota de mi alma.
Y después me acuerdo de él y sus ojos.
Tuve un sueño, y tengo que cumplirlo. En tinta roja escribía una historia.
Tengo tantas cosas que contar, días de sol, días de lluvia ácida, días de cielos violetas. Y más noches de las que podría enumerar.
Tengo tantos cuentos por escribir y no se por donde empezar...
Amor, soy un desperdicio de tinta que llora porque se aburre siendo feliz. Amor, yo solo existo en una triste canción.
Y los colores vuelven, y soy ese soldado muerto.
Los extraño tanto...
xo.B
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